El décimo mandamiento es muy relacionado con el noveno, “no hurtarás.» Pero el décimo mandamiento no toca tanto a un acto sino a una actitud: “no codiciarás.” Y esta actitud, su presencia o su ausencia en la vida de un creyente, es un buen barómetro de que tanto hemos entendido el mensaje del evangelio, y la gran provisión que nuestro Padre ha hecho para nuestra redención en su Hijo Jesús.

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